Alí Rojas Añez: Los periodistas deben contribuir con la Previsión Social

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La preocupación social y la necesidad de informar lo que ocurría en su tierra, Mérida, lo motivaron a estudiar periodismo, así lo recuerda Añez quien dedicó cinco de sus 55 años de ejercicio profesional a presidir el Instituto de Previsión Social del Periodista.
-¿Cómo llega a ser presidente del IPSP?
-Yo estuve cinco años como presidente del Instituto, entonces estaba como gerente Gustavo Aguirre, que definitivamente era un prócer del servicio social de los periodistas. Gustavo, era un hombre que aparentaba tener muy mal genio y ser muy bravo, pero era un pan de Dios realmente.
-¿Él fue quien le hizo la invitación para que presidiera el Instituto?
-No, no. A mí me eligieron en unas elecciones; el voto era universal, directo y secreto. Yo gané, y lo hice en una plancha en la cual iba toda la gente de los diferentes sectores políticos del Instituto, ahí hubo comunistas, marxistas, copeyanos; y estaba yo, que para ese entonces ya no era militante adeco, pero realmente como decía Betancourt: ‘adeco es adeco hasta que se muera’.
-¿Cómo se garantizaba la previsión social?
-La previsión social para el periodista nunca ha estado bien, porque los propios periodistas no queremos contribuir con ella. Cuándo tú llegas y averiguas en los demás colegios de profesionales, estos pagan una cuota para su previsión social y disfrutan de un buen seguro pagado por ellos. La tragedia nuestra es que los viejos periodistas, y entre ellos me cuento yo, siempre creíamos que todo nos lo debían dar, que todo debía ser beneficencia. 
Rojas Añez asegura que esa situación es un problema permanente. “El Instituto tenía unas pensiones para los de la tercera edad de 60 bolívares, 100 bolívares; cuando un colega me preguntaba cuáles eran los montos de las pensiones yo me iba por la tangente, porque me daba vergüenza decir que esas eran pensiones. No sé si la situación es la misma, el IPSP no tiene fondos, se mantiene del edificio sede. Uno de sus ingresos más importantes era la cena de la prensa”.
-¿Cómo eran esas cenas? 
-Normalmente se contrataba a una persona para todo el proceso organizativo y de venta de las participaciones. Las entradas se vendían al gobierno y empresas privadas. Ellos, a su vez, se la entregaban a algunos periodistas y muchos de ellos compraban su entrada para la cena. A partir del momento en que yo estuve en la presidencia del Instituto, acordamos invitar cuando fuese año electoral, a los dos candidatos con mayores posibilidades de triunfo para que nos dijeran qué pensaban ellos de la previsión social del periodista, cómo enfocarla y cómo ayudar para que fuera una realidad. Eso se hizo en dos oportunidades. Ayudaban bastante.
-¿Cómo fue su  gestión, cuáles fueron sus aportes y qué le faltó por hacer?
-Mantuvimos la cena de la prensa, eso siempre daba unos ingresos. Después teníamos un gerente como Aguirre, en esa época logramos acuerdos con algunas empresas turísticas para que los periodistas pudieran disfrutar de vacaciones con un 50% de descuento; se logró con el Centro Turístico Higuerote y en Morrocoy, con una fundación que la manejaba el señor Juan Saco y logramos que los periodistas pudieran ingresar a los lugares con una tarifa bastante solidaria. También existía la casa vacacional en Naiguatá.
-¿Qué hace falta para crear conciencia en el periodista?
-Hay que hacer un trabajo permanente desde las escuelas de periodismo para crear conciencia de lo importante que es la previsión social a los muchachos que comienzan.
-¿En qué condiciones estaba el Instituto?
-Lo encontré perfectamente bien, con dinero. Y te repito, porque tenía un gerente llamado Gustavo Aguirre que realmente era un tractor, él no permitía intervención en las finanzas, ni de presidentes ¡nada!, era un dictador en eso y yo creo que había que permitírselo para que el IPSP funcionara.
-¿Qué fue lo más difícil de estar en ese cargo?
-Si se tiene una directiva como la que yo tuve, en la cual pese a los diferentes signos políticos siempre acordamos todo por unanimidad porque nos poníamos de acuerdo, ya que cuando pisábamos la puerta del Instituto hacia adentro, ni yo era amigo de los adecos ni el otro era copeyano, comunista o marxista, simplemente éramos una junta directiva.
-¿Entonces no tuvo que sacrificar nada?
-Cuando tú aceptas que te postulen para algo tienes que estar consciente, al aceptar, que hay algunas cosas que tienes que sacrificar, sobre todo el tiempo.
-Me imagino que también hubo muy buenas experiencias…
-Todas las experiencias nuestras fueron bastante buenas, porque eran colectivas, no era la experiencia de Alí Rojas, fue la experiencia de una directiva y yo no puedo hablar de mí gestión, sino de la gestión de una directiva.