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viernes 20 octubre 2017
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El IPSP convoca al gremio para su seguridad

Que una empresa, una causa, una ocurrencia sume 50 años habla de voluntad; que además arribe al tan importante aniversario con renovados bríos, planes modernizadores, ganas de más, es una señal inequívoca de que la persistencia da frutos. Y si la fecha conmemorativa tiene que ver con una institución vinculada al gremio periodístico -ahora mismo muy afectados por las azarosas circunstancias- como lo es el Instituto de Previsión Social del Periodista, que a propósito de la celebración convoca a los agremiados a favor de la coincidencia y a seguir trabajando por la seguridad y la protección de los periodistas, entonces, amén de tenacidad, da cuenta del sentido histórico. De vocación de futuro.

Noticia sabida, cabe reiterar que el periodismo siempre ha sido un oficio de alto riesgo. El desentrañar y luego decir, el trabajo de investigar y hurgar entre secretos y despropósitos que se mantiene bajo llave tiene, y siempre tendrá, sus bemoles. De un tiempo a esta parte se ha complejizado más el intentar explicar el país, indagar y apelar al testimonio de fuentes que le rehúyen al micrófono. Desde hace ya un largo por ahora informar es poco menos que un gesto titánico. Dificultades siempre hubo, nadie lo duda, las llaman gajes del oficio, pero en estos momentos más que intromisión o acecho se da por cierto que la inseguridad es más que latente: los periodistas somos objetivo.

Con la zozobra de todo ciudadano como horario y la urgencia de acceder al ojo del huracán como pauta, al periodista le toca poner el dedo en la llaga -no sin dolor, jamás imperturbables- a despecho de un zarpazo y reconstruir sobre la marcha el reguero de eventos simultáneos, truene, llueva o relampaguee; el reportero empapado. “¿Qué otro oficio permite a uno vivir la historia en el instante mismo de su devenir y también ser un testigo directo? El periodismo es un privilegio extraordinario y terrible”, resumiría la periodista Oriana Fallaci.

Por eso el IPSP, reactivado, apostando a la participación y la unión, convencido de que llegó la hora del trabajo en equipo, y tras avanzar en su recuperación y reorganización, convoca. Urge divulgar esta información. Que no se cumpla aquello de que en casa de herrero asador de palo. El llamado es para todos.

¿La historia se repite?

Fue distinto cuando comenzó, en efecto. El país sucumbía a su etapa dorada y un coletazo de ese vértigo rozaría los sueños del gremio, desprovisto de beneficios y acervos. Idea del periodista José Chepino Gerbasi, su fundador, presidente, y luego miembro de la directiva y asesor hasta el fin de sus días, el Instituto de Previsión Social del Periodista Chepino Gerbasi –el nombre se le añadió como póstumo homenaje- nace el 5 de agosto de 1966 como una “organización sin fines de lucro, orientada a desarrollar políticas de atención social a los periodistas en Venezuela”. Intranquilo por la fragilidad en materia de seguridad, protección y salud de los colegas y sus familiares, Gerbasi, graduado en Estados Unidos y quien sufrió cárcel en los tiempos de bota y lápiz rojo de Pérez Jiménez, concibe esta forma de beneficencia haciendo uso de los tantos y tan buenos contactos que sumó como director de las páginas políticas de El Nacional. gremialista de fuste, miembro fundador de la Asociación Venezolana de Periodistas, con diligencia se da a la tarea de hacer realidad la ocurrencia. Se fajó. Buscó apoyos y alianzas. El trabajo dio frutos.

“Era su obsesión el IPSP”, resume la líder vecinal Ligia Gerbasi, su compañera de toda la vida. “Cuando el entonces presidente Rafael Caldera hizo entrega en Naiguatá del soberbio edificio que se convertiría en la Casa Vacacional del Periodista, por el que Chepino bregó desde sus cimientos, terminó su discurso diciendo que lamentaba que Chepino no fuese su ministro de Hacienda, porque era capaz de conseguir todo lo que se proponía”. Sobre terrenos que obsequió al gremio la familia Salvatierra, el ya desaparecido Ministerio de Obras Públicas construyó la imponente obra en una colina de Vargas, un balcón sobre el mar al que se accedía por un sinuoso camino verde. De maravilloso diseño e instalaciones de primera, dotado con empresas que colaboraron de manera generosa para su acondicionamiento fue por un buen tiempo lugar de encuentro entre los periodistas que compartían en familia. Era una suerte de club para el descanso y la reflexión de los reporteros de radio, tele, y agencias. Gustavo Aguirre, gremialista hasta los tuétanos y exdirectivo del Instituto, pasearía su alma irreductible bajo el sol caribeño en aquel lugar luminoso y de vientos. Igual Cayetano Ramírez, insigne redactor de asuntos petroleros que sabía tanto del mercado mundial del crudo como de la producción de naranjas en los desiertos israelíes; y de música y poesía como de cocina. Siempre tenía especias en los bolsillos para condimentar a su gusto; era inmensa su sonrisa.

“Tenía una cafetería y también un restaurante de postín, los apartamentos estaban equipados y en cada uno había una obra del artista plástico Régulo Pérez, los espacios eran cada uno una invitación al encuentro, la biblioteca, la sala de conferencias, los jardines, y contaba con dos piscinas, una para adultos otra para niños”, recuerda Ligia Gerbasi. “Mis hijos aprendieron a nadar allí”, acota Luisa Barroso. “Era, en efecto, el lugar de encuentro por antonomasia, y la opción del fin de semana, por muchos años, de los periodistas: era accesible, gratísimo, maravilloso lugar”, en esto coinciden ambas y todo el que allí fue.

Con no poco sudor sumaría el IPSP más conquistas. Inolvidable la Cena de la Prensa, actividad que provocaba la atención absoluta ¡de la prensa! Cada año, no menos de 400 personas acudían al Gran Salón del otrora Caracas Hilton. Un festín. Tres distintos menús servidos en mesa se ofrecían a los que habían comprado sus abonos a 150 bolívares de los de entonces. Con las ganancias, el Instituto revitalizaba sus recursos, esos con los que muchos afiliados consiguieron operarse o pedir préstamos para comprar la vivienda propia. Increíble. La famosa cena tenía entre sus habitués al presidente del país. Las mujeres iban de traje largo. Otros tiempos, sin duda.

La Cena de la Prensa se recuerda como un hito. “Los actores principales de la escena pública compraban las adhesiones y en cosa de horas se habían agotado todos los talones, era un acontecimiento de apariencia social pero de significación política indiscutible, el apoyo al gremio era total, y los periodistas no dejaban de trabajar esa noche en la que se conseguían increíbles tubazos, acudían los líderes de la política, la economía y la cultura. En tiempos de elecciones, era esa oportuna ocasión para el discurso de presentación del programa de gobierno de los candidatos,”, evoca Eduardo Orozco, gremialista de número. “La Cena armaba mucho jaleo. Era un absoluto éxito”.

Mirar la casa

En cincuenta años la escena patria ha pasado de manera pendular del oropel al tinglado; con altibajos, del resplandor a la oscuridad. La historia reciente, sin embargo, registra una seguidilla de dislates y puntos ciegos que se han llevado por delante instancias e instituciones del engranaje que se llama país. La buena noticia, y de periodismo hablamos, es que la larga noche que es y ha sido este trance que nos encallejona no nos ha robado los sueños. El IPSP –los periodistas, como todos, resentimos lo tanto que han sido vapuleados las libertades y los bolsillos- busca salir a flote y ayudar a que los comunicadores también puedan contar con una boya.

Tras años de parálisis, el talante principista del gremio actuó a favor de que se hiciera cargo del IPSP un equipo de gente interesada en el rescate del instituto y en la puesta en orden de su administración. Las juntas directivas presididas por los periodistas Fernando Delgado, Rosana Ordóñez y ahora Tibisay Wendehake, quien viene de formar parte de los dos equipos anteriores, se han dado a la tarea de ordenar la casa. Y, luego de la minuciosa y pulcra faena matemática de rastreo y puesta al día de fondos y recursos, de acondicionamiento del espacio físico y revisión de lo pendiente en compromisos y obligaciones, y una vez devuelto al organismo el norte y el equilibrio para que fluya la norma y el buen hacer, el aniversario es oportuno acicate para una celebración que conmueve y mueve a la esperanza.

Para muestra un botón: acaba de tener lugar la puja de 101 obras de arte de creadores notables –Oswaldo Vigas, Pedro León Zapata, Carlos Cruz-Diez, Angel Hurtado, Juvenal Ravelo, Jesús Soto, entre otros celebérrimos generosos que honran- para colectar fondos por la causa. La subasta “que rindió homenaje a los artistas plásticos del país y, al mismo tiempo, en un ganar-ganar se propuso generar recursos para el cumplimiento de la misión en pro de nuestros afiliados”, tuvo lugar en la sede del diario El Nacional, el 12 de junio de manera presencial y virtual, luego que la muestra fuera exhibida en las instalaciones de la Asociación Cultural Humboldt y expuesta a través de un catálogo online compartido en páginas web y redes sociales. El arte también entraña libertad.

Algunas de la obras 

Por supuesto que los afanes no paran aquí. La nueva directiva tiene entre ceja y ceja la reivindicación de la dignidad zaherida del periodista en el ejercicio de la profesión y en la valoración de su desempeño. La necesidad de subsistir en medio del caos laboral ha producido un reacomodo vivencial y profesional que dificulta la posibilidad de encontrar tiempo para trabajar en el voluntariado que es la gestión gremial. Luis Zambrano, hasta el año pasado vicepresidente del IPSP, lo tiene claro: “Ha sido cuesta arriba llevar a cabo iniciativas para la seguridad social de los agremiados en las circunstancias de carencia y violenta inflación que da al traste con la sustentabilidad de los planes…”

Sin embargo, como dice Tibisay Wendehake, presidente del Instituto, y mujer dinámica, de talante sensato y pertinaz, “es el momento de hacer, es el momento de las solidaridades, así salta a la vista en muchas instancias nacionales e internacionales: a la vez que es obvio el deterioro y la crisis que vive el país, te das cuenta de que, como nunca antes, hay gente trabajando en oenegés y en asociaciones que ofrecen apoyo a los más necesitados”, argumenta convencida. “El periodista, además, está acostumbrado, por razones del oficio mismo, a ver con atención al otro y a registrar las necesidades de los demás, es una condición esencial de su generoso trabajo, pero tenemos que volver la mirada también hacia nuestros derechos, tenemos que colaborar con nosotros mismos, somos defensores del modelo democrático que requerimos  y también parte fundamental”.

Los agremiados, ese grupo heterodoxo de 23 mil periodistas que laboran con o sin contrato, inmersos en el proceso de mutación tecnológica, viven en medio de profundos procesos de cambio que afectan hasta la filosofía del oficio y cómo ejercerlo. Asombrosamente desconectados entre sí –en las redes, en cambio, enlazan investigaciones periodísticas colosales que se apoyan entre los países-, informan de cuanto acontece pero no siempre de los procesos que conducen a la obtención de datos y declaraciones.

El futuro es ya

El IPSP llegó exangüe a manos del comunicador, creativo y docente Fernando Delgado cuya tarea –epopeya- fue levantar los escombros, hacer el balance de los bienes y de lo tanto por hacer. “Tuvimos que afrontar problemas de orden jurídico complicadísimos, porque además de oscuridad en las cuentas, desaparecieron los cuadernos contentivos de los procesos administrativos. Esa búsqueda de haberes y deberes en documentos dispersos o extraviados consumió un tiempo valioso, pero se logró hacer el cálculo de cuánto hay en la casa, para proyectar y soñar qué se puede hacer”.

Luego se hizo cargo Rosana Ordóñez, periodista y gremialista cuya gestión, que toma el testigo de pulcritud iniciado por Delgado, se distingue por su esfuerzo en la creación del Fondo de Ayudas Médicas y la actualización de los montos en las ayudas únicas anuales a los periodistas mayores. También la Junta Directiva que presidió se dio a la tarea de actualizar los estatutos de la institución para dinamizar el buen hacer. Con ambos, Fernando Delgado y Rosana Ordoñez se avanzó en una profunda reestructuración, la cual culminó en julio de 2015, con la aprobación de nuevos estatutos legales y consistentes retos institucionales.

La nueva directiva, con Tibisay Wendehake a la cabeza, se propone convertir el IPSP en un espacio que otorgue seguridad a los periodistas. La idea es que cada vez más miembros se afilien al IPSP y que el gremio todo se una desde las instituciones que lo representan, Colegio y Sindicato, para sumar en la contingencia y que uno defienda, el otro conquiste contratos dignos, aquél reivindique, se sienta de manera más tangible la seguridad y la previsión social, y todos ganemos. Los nuevos estatutos establecen las figuras del Director de Delegados Regionales, elegido para formar parte de la Junta Directiva, y del Delegado Regional de las seccionales, de manera que en cada estado puedan hacerse cargo y articularse al plan de reivindicación, búsqueda de recursos y consolidación de proyectos de seguridad social. Son 26 delegados en el país que han de enfocarse en retomar el camino que es canto: ese de que la fuerza es la unión.

“Que en cada estado el delegado del IPSP sienta el respaldo desde la directiva nacional para desarrollar iniciativas que provean de más y mayor apoyo a los periodistas agremiados”, explica Wendehake.

“Muchas de las sedes del Colegio del país son espaciosas, tal vez podrían redistribuir sus espacios y hacer locales que se conviertan en fuentes de productividad, tal vez cafeterías, librerías, o incluso un consultorio médico que atienda a pacientes de la localidad, pero con descuentos a los periodistas ¿por qué no?”, añade Luis Zambrano, un enamorado del oficio y del ejercicio. Conseguir patrocinios regionales para eventos y llevar a cabo iniciativas de recaudación dinamizaría el flujo de  ingresos a favor de los agremiados; redundaría en más atención a los más necesitados que ahora mismo reciben solidarias ayudas, útiles pero, sin duda, insuficientes. La previsión social es un derecho, no debería ser una quimera.

Ladrillo a ladrillo

Con las ganas de ir en busca del tiempo perdido, los persistentes han tomado el control. La directiva que está a cargo (2015-2017), encabezada por Myriam Tibisay Wendehake, y constituida de profesionales como Jesús Darío Porras, (Tesorero) Luis Omar Espaillat (suplente del Tesorero), Pilar Guerra (Directora de Delegados Regionales de Previsión Social), Mónica Salazar (suplente), Ivonne Andara, Germán Alirio Luna y Elio García Zapata (representantes del CNP) y Argélida Gómez, en la gerencia general, se enfoca en modernizar la estructura organizativa y comunicacional del IPSP, y en aplicar los nuevos estatutos que remozan la gestión. Igualmente, este equipo se empeña en actualizar las ofertas de valor en materia de seguros de salud, para lo cual ha llegado a acuerdos con la empresa de seguros Universitas, de la mano de la empresa de corretaje Lebran, que se suma a la cobertura de la póliza de Salud de Seguros La Previsora que mantiene un grupo de agremiados, coordinados por la empresa de corretaje SobreSeguros desde 2009. Entre los nuevos retos está, asimismo, el desarrollar programas de formación para sus agremiados. Para mayor información, visitar www.ipsperiodista.org , escribir al email ipspconsulta@gmail.com y hacer contacto con las redes del instituto:

twitter: ipsperiodista

Facebook: Instituto de Previsión Social del Periodista

Instagram: ipsperiodista

Los observadores del presente han de estar ahí, atentos en el curso de las horas para cuando se produzca el cambio de escena, el que hay que propiciar desde adentro. La propuesta es estratégica, obvia, urgente: conectarnos y fortalecer el piso sobre el cual avanzar, hacer, seguir, contar, deliberar. Cincuenta dice la suma. En cuenta ha de decir no solo el gremio sino la sociedad.